序Prefacio
Yo y la energeia.
No quería perder mi autonomía, mi posibilidad de ver la vida y de seguir una mariposa si quería. Me asustaba la idea de que el deber me impusiera unas cadenas pesadas, por lo cual quería saber cuáles eran mis posibilidades.
En mi afán por entender y vivir la vida, quise verla mirando a mis zapatos, con temor constante. Claro está, la vida no son solo mis zapatos, no es tan sencilla. Me parecía claro que hay momentos en los que hay que dar el alma por una cosa, lo cual contrastaba con lo finito de la vida, como la necesidad a veces de una buena alimentación y estar en forma para poder luchar.
En un sentido similar, no quiero perder mi oportunidad de darlo todo por lo que quiero y me llama la atención. De esta manera, más allá de la causa o el deber, está lo que se ve valioso en la vida. Ya sea explorar una cueva, escribir un libro o incluso salir adelante y encontrar el amor.
Por ello, lo que de una u otra forma me ha llamado fuertemente, no quisiera haberlo apagado ni tampoco desechado. Porque la vida, en tanto vida finita, vale la pena vivirla en el horizonte de la posibilidad. Y no quisiera perderlo por esa posibilidad de «darlo todo» por un deber.
En forma análoga a mi finitud y mis limitaciones, veo que lo querido es necesario para la vida. Es por eso que lo daré todo por lo que quiero y amo, y seguiré adelante, y seré fuerte como Ichigo Kurosaki.
Viviré y me alimentaré, abrazando mis limitaciones. Y lo daré todo por lo que llama a mi corazón. Y también lo daré todo por el deber y la justicia. Y no tiene que ser una contradicción, sino una forma de vivir frente a la impotencia y el dolor.
Puedo parar a comer y no está mal. Es más, es necesario para dar la mejor lucha. Y descubrir lo amado es necesario para la vida. Y la lucha por lo justo, es constitutiva de la vida.
Dudas sobre mí.
Lo finito es lo bello.
Dar la mejor lucha en un contexto finito.
Amarme.